Eduardo Ibarra Aguirre
Nos esperan semanas de agobiante publicidad sobre las realizaciones en los últimos cuatro años de gobierno. En este aspecto, el ritual es mismo desde que se inventó: el titular del Ejecutivo federal anuncia hasta provocar hartazgo, lo que considera los hechos y las obras de su gobierno, muchos de ellos sin precedente en sexenios y décadas completas, en un país donde muy poca correspondencia guardan con la realidad que agobia al común de los gobernados y también a varios distinguidos.
La simple revisión de los titulares de uno u otro de los más de dos docenas de diarios capitalinos --ellos prefieren autodenominarse prensa nacional--, incluidos los que tienen una simpatía declarada –para no llamarle compromiso no periodístico-- con las políticas y los programas oficiales, permite constatar que ayer publicaron notas que tiñen de negro el bello panorama socioeconómico que pregona Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y del que, humildemente, él es el arquitecto, conductor y estratega.

























