Aquellos que gustan de burlar mujeres, pocas veces reciben el castigo que merecen, es cuando ocurre que una mujer se entrega por amor y resulta que del otro lado la hipocresía es la mascara del embustero, que solo busca su placer a costa de la virginidad de quién sincera y honesta, cree en sus promesas de amor, han sido muchos los casos en que la ofendida queda embarazada y el traidor huye a otra ciudad, normalmente a Estados Unidos, adonde se va dejando abandonada y llena de vergüenza a la mujer que creyó en él.
También existen casos en los que la deshonra no queda totalmente impune, algunos padres caen en el error de obligar al individuo a contraer matrimonio con la joven, pero puede ocurrir que aquél acepte solo para escapar momentáneamente del problema y al paso del tiempo, se muestra tal como es, vil y agresivo, le da mala vida, no le da el gasto, con el objetivo de tener motivos para provocar la separación, que después logra cuando los padres notan que hay incompatibilidad entre la pareja, o ella prefiere separarse y abandonarlo.
Quizá haya casos en los que el abusivo, recapacite y cumpla honorablemente con su compromiso y logre la felicidad con su esposa.
Otras situaciones de abuso y engaño a jovencitas y mujeres no tan jovencitas, han tenido un final trágico, cuando después de cometer tal villanía, el abusivo huye para abandonar su obligación, pero el padre, iracundo, lo busca hasta encontrarlo y lo hace pagar su deshonra, con la muerte.
Miguel Ángel Torres Higareda, hombre de 23 años, que tenía poco tiempo de haber terminado la carrera de Ingeniero Civil, se jactaba de ser un mujeriego, era el galán del grupo de amigos que se frecuentaban. Desde la secundaria, después en la prepa, sin faltar la universidad, las mujeres lo seguían, muchas se decepcionaban una vez que lo trataban y le conocían sus hábitos ante ellas. Pasados unos días del noviazgo o simplemente de la oportunidad, les caía mal porque, engreído, pensaba que todas tenían que rogarle su cariño, las despreciaba una vez que se cansaba de ellas, por eso sus relaciones no eran duraderas.
En cierta ocasión, durante un baile, conoció a Angélica Reinoso Alcázar, de 18 años, esbelta, muy guapa, simpática e hija de un ganadero de Huetamo, hombre de armas tomar, machista y pendenciero, que cuidaba a sus hijas, tenía cuatro más y dos varones, a ellas no les permitía tener novio, salvo que el diera su aprobación una vez que las jóvenes se los presentaban.
Los aceptaba siempre y cuando platicaran afuera de la casa y hasta determinada hora, nada después de las 9 de la noche.
Miguel Ángel, creyó estar enamorado de Angélica y logró pasar la prueba del suegro, quién aceptó que mantuvieran noviazgo. Pasaron varias semanas y los amigos del galán estaban sorprendidos, no podían creer que fuera realidad que durará tanto tiempo con la bella joven.
Cuando se reunieron con él, supieron la verdad: “a esta chamaca no la dejo ir viva, yo me la hecho, porque me la hecho”, fueron sus amenazantes palabras. No era tal el enamoramiento, sino su absurdo ego de abusar de ella. Sus amigos le advirtieron de su suegro, que no se quedaría calmado si su hija era abusada, eso no lo hizo desistir, se mantuvo fiel a sus intenciones.
Habían pasado cuatro meses de sus relaciones sentimentales, Angélica se mostraba muy enamorada, lo que facilitaba los planes de su novio. Don Elpidio Reinoso, nombre del padre de la novia, ya le había tomado cariño al joven ingeniero, le mostraba confianza y hasta los dejaba ir a los bailes solo acompañados de sus hermanas o hermanos.
Fue en una de estas ocasiones cuando Miguel Ángel, tuvo la oportunidad que buscaba, en un baile, buscó el momento adecuado para salirse del lugar con Angélica, a la que llevó hasta su auto y ahí la hizo suya. Sus hermanas y hermanos, no se dieron cuenta de la desaparición de la pareja.
Pasaron las semanas y ella creyendo en sus promesas de matrimonio, siguió manteniendo relaciones sexuales con él, hasta que transcurrieron tres meses y ella le dijo que estaba embarazada, con calma aparente trató de apaciguarla, le dijo que no se preocupara, que reuniría algo de dinero para la boda, solo tendría que ir a la ciudad de México, donde una vez trabajó, para que le dieran su liquidación y regresaría para que hicieran los preparativos. A sus padres no les dirían del embarazo, lo guardarían en secreto hasta que ellos se dieran cuenta, pero al fin ya estarían casados.
El novio se fue, con la promesa de regresar, pero no fue así, pasaron varios días, después dos y tres semanas, hasta que Angélica desesperada porque ya se le notaba abultado el vientre, decidió hablar con sus padres y confesarles la verdad.
Don Elpidio estalló en cólera, le dio varias bofetadas a Angélica, hasta que intervino su mamá y logró calmarlo, pero solo momentáneamente, le exigía a su hija le dijera adonde estaba “aquél hijo de la chingada, porque le iba a partir toda su madre”. Ella llorando, también ignoraba su paradero, no sabía que contestar, fue después de varios días que el padre ofendido logró saber que Miguel Ángel, se había ido a Estados Unidos para evadir su compromiso.
Un mes después que fuera enterado del embarazo de su hija y de saber que el que había ultrajado a su hija, estaba en Los Ángeles, California, hizo los preparativos y salió en su busca. Por nada del mundo iba a dejar impune semejante ofensa, decía Don Elpidio.
Llego a la gran ciudad, sin muchos problemas, con dinero logró pasar por la línea fronteriza, entre los agentes de la migra también existe la corrupción, llegó, para esto ya había logrado saber la zona donde vivía, lo buscó, pero antes no le fue difícil adquirir una pistola, allá existen tiendas donde con pocos requisitos las venden y sin muchas preguntas.
El barrio latino donde vivía Miguel Ángel, era pobre, abundaban las pandillas y fue cuando pensó en contratar a alguien para que le hiciera el “trabajo”, así no se mancharía las manos y le sería más fácil abandonar el país, una vez que viera cumplido su objetivo. Recorrió el área, se metió a varios bares y billares, hasta que hizo amistad con un tipo de raza negra, después de varias pláticas y de analizarlo bien, cuando creyó que era la persona adecuada, le hizo la propuesta.
Todo quedó arreglado, le cobraría cinco mil dólares. El mexicano se comunicó con su esposa a México, para que cambiara pesos por dólares y se los mandara a través de una agencia de envíos de remesas, la mujer no entendía para que quería tanto dinero, pero se la mandó.
Juntos recorrieron la zona latina, hasta que el negro conoció bien quién sería su víctima. Dos días después, apareció en los periódicos angelinos la noticia de que un mexicano había sido asesinado. |